Larga cola, expertos y multiplicación de talentos
¿Todos podemos ser buenos en algo? Algunos rousseanianos empedernidos, como una ex-jefe que tuve, creen que si. Yo no soy tan optimista, pero tampoco me trago eso de que lo que hacemos, (o sabemos hacer) está escrito a fuego en nuestros genes. La revolución digital ha abaratado tanto los costos que ahora es posible imaginar que muchas tareas creativas que antes eran privativas de suertudos, millonarios o patilludos permite bajar el nivel de acceso al punto de multiplicar posibilidades y alternativas. Claro que tener dos MacBookPro de 17 pulgadas como el personaje fotografiado en Denken Uber no es nada común. Pero también es cierto que si antes ser un DJ de primera era patrimonio de un par de decenas de personas por país o es posible que haya miles o decenas de miles en condiciones similares. El factor x1000 hace posible la inteligencia colectiva, distribuida y colaborativa y cambia la asimetría entre un creativo cada tantos centenares de miles de personas. No es poca cosa. A pesar de la larga cola que opera aquí los expertos y los mejores igual se siguen destacando. Un Apple disc jockey de primera