¡Ay, mis ancestros!
Anne Ancelin Schützenberger presenta en esta obra, una “terapia transgeneracional psicogenealógica contextual”. Mas alla de la jerga esto significa somos un eslabón en la cadena de las generaciones, y debemos a veces, curiosamente, “pagar las deudas” del pasado de nuestros ancestros.
Se trata de una especie de “lealtad invisible” que nos impulsa a repetir, lo queramos o no, lo sepamos o no, situaciones agradables o acontecimientos dolorosos. Somos menos libres de lo que creemos, pero tenemos la posibilidad de reconquistar nuestra libertad y de salir del destino repetitivo de nuestra historia si comprendemos los lazos complejos que se han tejido en nuestra familia. Los lazos transgeneracionales, el síndrome de aniversario, el no-dicho secreto y su transformación en un “impensable devastador” son nuestro DNA familiar.
Van Gogh ocupó el lugar con nombre calcado de un hermano muerto y termino suicidándose. Dali también ocupo ese lugar y logro salvarse (bueno algo así). Otra vez me topo con una genia desconocida -para mi- que tiene tanto para acicatearnos.