De los Keitai shousetsu, TwitterLit, Twittories, Quillpills hasta llegar a los twillers
Y después hay gente que dice que no hay formatos nuevos. Claro Maximiliano Poter, el mismisimo autor de la nota, no se arriesga mucho y supone que también podría tratarse de meras menudencias de la cultura snack.
Claro no resulta muy glamoroso imaginarse una creación literaria tomando como modelo Memento, en un celular, con los eventuales emoticones.
Obviamente la apreciación y el dominio de un formato, no solo es cuestión de tradición y entrenamiento. Después de todo para un analfabeto analógico, una frase en cualquier idioma es chino básico.
Correlativamente para la mayoría de nuestros profesionales y adoradores del canon occidental, las palabras del título del post, rebosan y rezuman tecnofilia adictiva e incapacidad de navegaciones densas y profundas en la terra incógnita de los grandes autores de la literatura universal. Ni tanto ni tampoco. Que florezcan mil formatos como diría Mao. Y no matemos a los neonatos antes de siquiera saber de que se trata, como mas de una académico de las letras promociona por aqui y por alla